Llevo un tiempo dándome cuenta de que la mayoría de la gente hace las cosas... y no se queda tranquila hasta que alguien más se lo reconoce. O se da cuenta de ello, o se entera.
Da igual que se entere porque le grites al oido que has hecho un blog, o que se entere porque hay un enlace en tu messenger remitiendo a la gente a tu fotolog, o cualquier cosa semejante.
Nadie está contento si no tiene la aprobación del resto de la gente.
Aunque esa aprobación se resuma a un 'tío, ¡que guapo!" o a un 'hola y nos vemos'. Cuantas más entradas vean en su espacio, mejor pa'l pecho (de ellos, no el mío).
Por eso me apena que la gente no cree sus espacios para sí mismos sino buscando esa aprobación en los demás, ese "buen trabajo" que hace que se te salgan las sonrisas.
Hay ciertas cosas que deberían ser para uno mismo, porque cuando empiezas a pensar en los demás, te 'alienizas' y ya no escribes para tí y sobre lo que tú piensas sino para los demás y para que los demás piensen bien sobre tí.
Al menos es esa la impresión que se desprende de muchas personas.
Otras, por supuesto, son diferentes al escribir para los demás, pues intentan extender su sabiduría (que hay mucha y muy buena) o simplemente sus idioteces (que hay más y son mejores). Y eso, señoras y señores, es digno de aplauso.
Pero no tendrán mi aplauso los que cuentan cuantas entradas tienen en los comentarios, ni los que comentan al resto de usuarios para crearse una familia/blog.
Esos, simplemente me apenan. Porque aún no se han desprendido de las miradas de los otros. Y porque necesitan que les observen para poder hacer algo en esta vida...
Por eso me gustan más los animales y me apeno cuando no encuentro a mi gata. Menos mal que la casa es grande y los rincones donde esconderse muchos....
pero siempre acaba apareciendo.
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